El pasado del “Jey Jey”

El pasado del “Jey Jey”

José Jorge Balderas Garza es una persona alta y corpulenta. Sus escoltas igual. La madrugada del 25 de enero uno de ellos le llevó cargando a dos voluptuosas cubanas para que lo acompañaran en su mesa de pista en el antro Bar Bar de la ciudad de México. En la mesa había otras 10 personas que bebieron más de ocho botellas de whiskey y licores de hierbas. Antes de amanecer, el “Jey Jey”, como se pronuncian sus iniciales con fonética anglosajona, había metido un tiro en la cabeza del futbolista Salvador Cabañas y abierto una caja de pandora de donde siguen saliendo sorpresas que apestan. Una de ellas tiene que ver con Balderas Garza, quien se dio a la fuga y sobre el cual hay una cacería nacional e internacional.

Las autoridades apenas estaban tratando de descifrar el rompecabezas del atentado de alto impacto, cuando en el mundo de los antros y restaurantes daban por sentado que había sido el “Jey Jey”. El lunes al mediodía comentaban en esos lugares que “todos sabían que el ‘Jey Jey’ era un narcotraficante y que iba todo el tiempo al Bar Bar”. Los empleados del Bar Bar, que se encuentran arraigados, lo conocían hace unos cuatro años, y hacía tiempo les generaba un enorme temor. Poco a poco, las autoridades del Distrito Federal han estado dibujando el mapa de actividades a las que se dedicaba Balderas Garza, quien utilizaba diversos alias, tenía varias casas, y disponía de recursos que muchas veces parecían ilimitados.

La primera línea de investigación ubicó al “Jey Jey” operando narcomenudeo en Tlanepantla, Naucalpan y Huixquilucan. Vivía en Tecamachalco, una zona residencial de alto ingreso en el estado de México, e iba al Sport City en Interlomas, del cual es socio. En Tlanepantla tenía vínculos con diversos centros nocturnos, en particular con uno llamado “Exxxcess”, a donde acudía frecuentemente, según investigaciones paralelas del gobierno federal. Balderas Garza iba tanto, que se está investigando si era dueño o accionista del lugar.

El “Jey Jey” se esfumó la madrugada en la que le disparó a Cabañas. A los pocos días la prensa lo ubicó en Cancún, debido a la filtración de un reporte bancario -que no se confirmó- que mostraba que su tarjeta de crédito bancaria había sido utilizada en un cajero automático. El gobierno de Quintana Roo negó tajantemente que estuviera en el estado, y no se sabe si exista una fotografía de la persona que habría retirado dinero en ese cajero. Sin embargo, se mantiene la sospecha de que sí haya pasado por Cancún con destino a Buenos Aires, que es una ruta que suelen usar personas buscadas por la policía. No se ha podido establecer si el “Jey Jey” se encuentra en el Distrito Federal, en territorio nacional, o si huyó del país, pero de lo que sí están convencidas las autoridades, federales y capitalinas, es de la protección que tiene del narcotráfico.

Las investigaciones de la procuradurìa capitalina conectan a Balderas Gómez con George Khouri Layón, alias “El Coqui”, quien fue detenido en septiembre del año pasado y señalado como el principal introductor de la cocaína en Las Lomas y Polanco, otros barrios residenciales de la ciudad de México. “El Coqui” manejaba tres antros, dos de ellos clausurados hoy en día, y vivió un romance con una artista de telenovelas. Funcionarios capitalinos sostienen que el vínculo de Balderas Garza con el narcotráfico se daba a través de “El Coqui”, quien tenía relación con el Cártel de los hermanos Beltrán Leyva. Ambos se veían regularmente en un antro de la colonia Roma llamado “Doberman”, que en la actualidad se llama “Dorby”.

Khouri Layón está vinculado a José Antonio Jiménez Cuevas, apodado “El Niño”, también detenido el año pasado por autoridades federales como el jefe de “La Banda de El Niño”, que se dedicaba a secuestros, y relacionada con otra banda de secuestradores, Los Petriciolet. Jiménez Cuevas fue señalado como miembro del grupo que realizó al menos cinco secuestros, entre ellos los de Fernando Martí y Antonio Equihua. “El Niño” se presentaba como Agente Federal de Investigaciones, y en la banda de secuestradores figuraban al menos tres agentes judiciales del Distrito Federal, quienes también formaban parte de la red institucional de protección a los Beltrán Leyva.

Jiménez Cuevas y Khouri Layón han sido señalados como operadores de Édgard Valdés Villarreal, “La Barbie”, quien era la mano derecha operativa del jefe de aquél cártel, Arturo Beltrán Leyva, que murió en un operativo en Cuernavaca en diciembre pasado. Este enjambre de vinculaciones en el bajo mundo condujo a algunos medios a difundir desde la semana pasada que Balderas Gómez estaba ligado a “La Barbie”. Funcionarios federales originalmente presumían que el vínculo del “Jey Jey” era con el Cártel de Sinaloa -que encabezan Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín “El Chapo” Guzmán-, que está confrontado con los Beltrán Leyva y con “La Barbie, pero nuevas informaciones derivadas de interrogatorios en los últimos días, han llevado a un punto de coincidencia con funcionarios capitalinos: Balderas Garza sí era un cuadro importante en la estructura de “La Barbie”.

Funcionarios de la PGR afirman que Balderas Garza era el distribuidor de drogas de los Beltrán Leyva en la zona de Tlanepantla, junto con el hombre identificado “El Paco” o “El Contador”, que aparece con él en el Bar Bar,  que aparentemente no era su escolta o su socio, sino tenía una jerarquía ligeramente más alta en la estructura criminal del cártel. Cuando salieron del bar tras el ataque a Cabañas, de acuerdo con información que recopiló la PGR, “El Contador” y Balderas Garza se separaron en un punto que no fue revelado. El “Jey Jey”, de acuerdo con estos informes, fue protegido por dos personas que fueron identificados como “El Indio” y “El Chaparro”, quienes son los que controlan el narcomenudeo de los Beltrán Leyva en Tepito. Las autoridades federales y capitalinas no tienen información aún de qué sucedió con  Balderas Garza después de que fue arropado por ellos.

En cualquier caso, lo que está arrojando la primera parte del pasado del “Jey Jey”, es que hay una vida criminal en el submundo de los antros que rebasa la propia estructura de propiedad de muchos de ellos, a los controles que les pueden exigir las autoridades y a la propia vida nocturna que han desarrollado en ellos artistas y deportistas, empresarios y figuras públicas. Algunos no están libres de culpa y acuden probablemente a esos lugares para conectar droga y mujeres. Pero muchos otros, quizás la mayoría, no. Van a divertirse en espacios de esparcimiento.

Lo que sucedió hace casi dos semanas en el Bar Bar no es un hecho inédito. Sobresalió por la prominencia de Cabañas, quien a diferencia de otros casos sin impacto mediático, salió con vida. Habla de un tejido social subterráneo donde se mezclan el divertimento, los placeres y los vicios, y es otra de las caras de la delincuencia organizada, con la que se convive cotidianamente entre risas y alegrías, que ha ido penetrando una sociedad permisiva amparada por la impunidad. Esto es lo que debe haber decidido a  Balderas Garza a disparar contra una persona tan famosa como el futbolista, la impunidad.

La delincuencia es un fenómeno que nunca podrá erradicarse, ni en México ni en el mundo, y es la inexistencia de impunidad lo que eleva el costo de delinquir. Pero hasta ahora, el “Jay Jay” y sus amigos se han salido con la suya. La impunidad sigue siendo parte del paisaje nacional en México. La lección a casi dos semanas del atentado, ¿alguien lo duda?, es ominosa.

http://columnas.ejecentral.com.mx/estrictamentepersonal/2010/02/05/el-pasado-del-jey-jey/