Parece increíble que Rafael Lebrija pretenda quejarse por la bofetada de Aquivaldo Mosqueda a Omar Bravo, cuando el arbitraje de la mayor parte del partido fue totalmente parcial para su causa, al inexplicablemente ignorar cuando menos dos indiscutibles penales, el cometido al minuta 34 por el “Chore” Mejía al detener la trayectoria hacia la portería del balón con su brazo extendido con franca intensión de detenerlo, un penalti visto por lo menos por la mitad de los aficionados al “Estadio Azteca”, sin contar los millones que lo vimos por la vía electrónica, y otro más al minuto 52 cuando Rosinei dentro del área intentaba pasar la defensa chiva y fue pisado y en consecuencia desestabilizado haciéndole perder el equilibrio e incompresiblemente amonestado por un inexistente intento de fingir una falta. Todo eso sin contar el empujón por detrás a Salvador Cabañas al minuto 15, que aunque tal vez no fue como para tumbarlo, si le quito el balance y el “timing” de la jugada para hacer el disparo.
Si algún respeto le tenía al señor Lebrija por su atinada conducción con los choriceros de Toluca, realmente me hace dudar de su honestidad, porque además de no saber perder con dignidad, ahora se le olvida que América debiera de ser el justo quejoso, acaso no vio el partido, solo recuerde por ejemplo: que si mal no recuerdo al minuto 57 un jugador americanista fue pateado por detrás cuando la pelota ni siquiera estaba en juego al haber salido por la banda, todo esto en las barbas del árbitro, lo cual fue una agresión sin balón.
Déjense de llorar como niñas malcriadas y defiéndalo en la cancha como hombres.
Por Alfonso G
