Mirada de Águila Por: Fernando Jesús Torres

¡Qué tal amigos! en esta oportunidad platicaré sobre uno de mis grandes ídolos de la infancia y extraordinario jugador de las Águilas del América. Nació en Tucumán, Argentina, el 20 de Diciembre de 1953, llegó a México en la campaña 81-81 y fue parte de aquel maravilloso Tricampeonato de inicio de década. Su nombre, Eduardo Antonio Bacas Rojas, el famoso “Tucumano”.

¡Caramba! la historia de Lalo Bacas es tan especial que vale la pena rememorar muchas cosas. Trasladémonos en el tiempo 28 años atrás allá en Argentina.

Uno de los equipos de mayor tradición en el futbol pampero, Rosario Central, llevaba más de un lustro con una sequía de títulos, por lo mismo de cara al Torneo Nacional del 80, Ángel Tulio Zof, que había llegado un año antes en sustitución de Carlos Timoteo Griguol, quiso recuperar las ambiciones, el fútbol de pelota bien tratada y los goles.

Zof pidió a dos tucumanos que conocía muy bien de cuando dirigió a Ledesma de Jujuy: Héctor Chazarreta y Eduardo Bacas; con esas y otras incorporaciones armó el equipo. La escuadra resultó campeona sin ninguna objeción, destacándose nombres que curiosamente, tarde o temprano pasaron por el futbol mexicano. Tales fueron los casos de Ricardo José el “Oso” Ferrero, Omar Arnaldo Palma, Edgardo “Patón” Bauza y desde luego, Eduardo Bacas.

Jugador de gran panorama, exquisito con la pelota, con un manejo sensacional de los tiempos para poner el balón en el momento exacto para la entrada de los hombres de punta.

Carlos Reinoso, técnico del América, conociendo las cualidades del argentino y ante la escasa producción de Rubén Omar Romano, solicitó la contratación del “Tucumano”. El encargado de acudir a Sudamérica para concretar la negociación no podía ser otro que Panchito Hernández.

La transacción no fue sencilla. De entrada, el futbol de Bacas había despertado el interés de equipos europeos, entre ellos la Juventus de Turín. Sin embargo, gracias a las buenas relaciones de Don Panchito y después de una cena y algunas botellas de vino tinto de por medio, logró convencer a un renuente Ángel Tulio Zof, para que permitiera la salida del “Tucu”. Así llegó al América el número 10 que le hacía falta.

De pelo largo y barba, Lalo Bacas fue conminado por Reinoso para cortarse esas “greñas” y afeitarse; jamás le volvimos a ver como llegó; lo que si apareció de inmediato fue su gran talento, que combinado con la camada de mexicanos que existían y extranjeros de la talla de Zelada, Outes, “Batata”, después Brailovsky y hasta Zizinho, logró que las Águilas iniciaron el vuelo majestuoso que les acompañó en los 80s.

Bacas fue campeón ante Chivas (Aún se me enchina la piel al recordar aquella anotación que consigue en el duelo de vuelta, cuando el “Ruso” se había llevado a medio mundo y después de un rebote, el “Tucumano” la mete entre las piernas de un desesperado Celestino Morales) contra Pumas, en aquella serie de tres partidos y fue pieza fundamental ante Tampico Madero en el Prode-85 (por cierto, aquí hay una anécdota muy buena que me contó Ricardo Peláez y algún día con gusto la compartiré con ustedes).

Un talento exquisito, magnifico para el cobro a balón parado, en pases filtrados y entrega, Eduardo Bacas, es uno de esos jugadores que no sólo portaron con dignidad la playera de América, además, colaboraron para engrandecer su historia. 20 años después su hijo Walter Bacas probó suerte en inferiores del club pero los resultados no fueron favorables, además de que la gigantesca figura de su padre representaba un peso extra.

Por cierto, la primera entrevista que hice en este mundo de la comunicación fue al ídolo de mi infancia ¡el Tucumano!, excelso en la cancha y como sólo los grandes pueden serlo, sencillo en el trato personal… espero sus comentarios a fersillo@grupoestadio.com.mx

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